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“Ninguno vive para si y ninguno muere para sí”

Rom. 14,7

Sor María Otero Gualito, OP.

De Sta. Rosa de Lima

1905-2000

 

La Hna. María Otero Gualito, O.P., fue hija primogénita del Sr. Longino Otero Resendiz y de la señora María de la Luz Gualito López, tuvo 8 hermanos.Sus padres les educaron en la fe cristiana. A los 16 años, emigró a la ciudad de México donde vivió con una tía y para ayudar a sus padres y hermanos, tuvo que trabajar como obrera en una fábrica de hilados y tejidos en Telas Junco, con el esfuerzo de su trabajo pronto adquirió un terreno, en el cual construyó una casa y en dos años ya se encontraba reunida toda la familia, viniendo a vivir a la capital mexicana.

Siendo adolescente y estando en la primaria, tuvo que dejar de estudiar debido a la persecución del presidente Plutarco Elías Calles, era el año de 1927, durante ese tiempo se cerró el culto en la iglesia católica, la hermana María juntamente con su familia ocultaban a 2 sacerdotes que a escondidas ejercían su ministerio sacerdotal, desde joven se destacó por su prudencia y sigilo. Desde muy joven se sintió llamada a impartir el mensaje de Cristo a través de la catequesis en las barriadas de Lomas de Becerra, en su propia casa, perteneciente a la Parroquia de la Candelaria, Tacubaya México, D.F. atendida por los Padres Dominicos, siendo párroco y superior el reverendo Fr. Felipe Varón, O.P. quien la ayudó en su discernimiento vocacional, perteneció a la Orden Dominicana como terciaria dominica.

Más tarde tuvo oportunidad de conocer a M. Leonor Baqueriza, O.P. quien era terciaria dominica, y le solicitó un espacio de su casa para impartir la catequesis a las personas adultas, oportunidad de la cual el Señor se valió para que la hermana María compartiera un poco con ella y después el Carisma de seguir más de cerca al Señor como religiosa, llevando el mensaje cristiano a las personas que más lo necesiten; ideal que se estaba gestando en la mente de M. Leonor Baqueriza Figueroa, O.P., nuestra fundadora. Y así a los 43 años, ingresó a la naciente Congregación de Hermanas Dominicas de la Doctrina Cristiana, (entonces pía unión) el día 8 de agosto de 1948, este mismo día comenzó su noviciado, recibió el hábito de manos del R.P. Claudio Fernández, O.P. vicario provincial, junto con M. Leonor Baqueriza (Nuestra fundadora)

En la Congregación se distinguió por su amor a la Congregación y fidelidad al Señor, viviendo con verdadero espíritu religioso y de oración, a pesar del cansancio o enfermedad. Además de la catequesis y por ser de las primeras hermanas en la Congregación, con empeño y generosidad ayudó a M. Leonor en la economía. Sin embargo, supo combinar el trabajo de la economía con la evangelización y catequesis, de forma responsable como misión propia de la Congregación, dejando un mensaje a los bienhechores que con tanta generosidad han apoyado nuestra obra misionera.

Con mucho orgullo expresaba haber vivido desde los comienzos de la Congregación, las penurias por las que atravesaron las primeras hermanas, el fervor de la oración, la fraternidad y el celo apostólico compartidos muy de cerca con la fundadora, a quien siempre profesó cariño y respeto. Fue una hermana sencilla, devota de la santísima Virgen María y del rezo del santo rosario, el mismo que estuvo desgranando entre sus dedos hasta que definitivamente no pudo hacerlo, amante de la Eucaristía. Siempre gozó de buena salud, hasta los 78 años que empezó a padecer diabetes. El esfuerzo diario hasta su muerte, por superar sus limitaciones temperamentales, así vivió cada día con espíritu de fe. Entregó su espíritu en las manos del Padre el 25 de junio del año jubilar 2000.

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