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“Quien ha encontrado un amigo, ha encontrado un tesoro”

Eclo. 6,14

 

Hna. Maryori del Socorro Vázquez González, OP.

De Sta. Catalina de Siena

1966-2007

Nació el 07 de Febrero de 1966, en Machado Bello Antioquia, Colombia; última hija de los señores Bernardo Vázquez y Lucila González. Ingresó como postulante a nuestra Congregación el día 25 de Enero de 1983 y el día 25 de Enero de 1987 hizo su primera profesión iniciando una vida de mayor entrega en el seguimiento de Cristo. Sus votos perpetuos los realizó el día 22 de Enero de 1994. En su Provincia de Colombia fue asignada a varias comunidades, pero en el año de 1995, motivada por un gran espíritu misionero, dejando país, casa, padres y hermanos es asignada a la Provincia de Norteamérica, Santa Catalina de Siena, en el Convento Provincial San Alberto Magno, en El Paso, Texas, E.U.A.; desde esta comunidad inicia los trámites para realizar sus estudios de enfermería con el fin de colaborar en la misión de Ayene, África.

Como estudiante de Enfermería dentro de la Cruz Roja, afiliada a la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, Chih., se destacó por un liderazgo integrador; su deseo de colaborar en la misión Ad Gentes le impulsó cada día para sobresalir en los estudios, prácticas y servicios que la misma escuela le encomendaba. Los compañeros de escuela, docentes del plantel y compañeros de servicio, acudían a ella para recibir algún consejo o la ayuda con alguno de los enfermos más rebeldes o bien, enfermos que el municipio recogía y por su lastimado estado pocos querían asear o atender. Estando en sus prácticas y año de servicio, todos sus pacientes siempre fueron atendidos con caridad, atendiendo no solo a las necesidades físicas, sino espirituales e incluso morales. Era conocido por su comunidad el que si alguno de los enfermos no era visitado por sus familiares trataba de localizarlos para avisarles y hacerles conciencia de lo importante que era ir a visitarlos al hospital. En varias ocasiones se llegaba a quedar tiempo extra en el hospital con el fin de motivar a sus pacientes, incluso a algunas de ellas les llegó a maquillar o pintar su cabello para reanimarlas. Siempre estuvo al pendiente de las personas que estaban en agonía o recién nacidos que no tenían mucha posibilidad de sobrevivir para darles o conseguirles los auxilios necesarios de nuestra Iglesia.

Aun con todo el trabajo de la escuela y el compromiso que tenía, nunca descuidó su vida de oración comunitaria, personal, asidua en la Eucaristía y sobre todo se destacó por ser una hermana integradora, fraterna, con facilidad disculpaba a quien había cometido una equivocación o incluso a quien le hubiera levantado la voz u ofendido de alguna forma. Tampoco descuidó el apostolado de evangelización y Catequesis. Dios le otorgo el don maravilloso de la amistad, no solamente dentro de la vida Consagrada con las hermanas con las que se relacionaba, sino además con las personas que llegaba a conocer.

El 3 de Julio de 1999, llegó a la misión en Ayene, Guinea Ecuatorial, África. Desde su llegada fue siempre un elemento positivo en la comunidad, poniendo al servicio de todos, sus cualidades personales. En los primeros años, durante su adaptación a una cultura tan distinta, apoyó mucho a las hermanas en los apostolados ya existentes, en el preescolar, y en la pastoral parroquial. Empezó a hacer prácticas de enfermería trabajando junto con otros misioneros con más experiencia, para aprender acerca de las enfermedades propias de este lugar, la forma de atenderlas, incluso con falta de muchos recursos, debido a la realidad del tercer mundo. Poco a poco fue aprendiendo y empezó a trabajar ya con más seguridad atendiendo la salud en los 28 poblados que pertenecen al Municipio de Ayene, Africa, donde se encuentra nuestra comunidad. A partir del año 1999, comenzó a trabajar para la FERS (Federación Española de Religiosos Socio-Sanitarios), apoyando el Centro de Salud del Municipio de Ayene.

Su trabajo dio grandes frutos, debido a su capacidad de organización, y de la confianza que tenía en el personal a quien iba capacitando para la labor sanitaria, lo cual le permitía seguir atendiendo a cada poblado una vez al mes. Se dedicó a promover el bienestar integral de las personas, y les atendía a cualquier hora, dentro de sus capacidades. En su trabajo siempre se reflejaba su experiencia de Dios, a quien ella descubría en los más necesitados. Realizó ahí también la pastoral de la salud animando a todos a vivir sanamente aún en medio de la enfermedad, y hablando con su vida de un Dios que quiere siempre el bien de las personas. Realizó siempre su trabajo con alegría, dedicación y perseverancia.

Desde el inicio se preocupó no sólo de evangelizar sino de dar una formación humano-cristiana dando a todos testimonio del seguimiento de Cristo; con sus actos iluminó a quienes se acercaban a ella. Hna. Maryori gozaba atendiendo sanitariamente, tanto a los niños como a sus mamás, en los diferentes pueblos a los que llegaba. En la comunidad siempre se distinguió por su entrega, su fraternidad y acogida cada una de las hermanas, luchó por la unidad y porque se mantuviera un espíritu de oración en las mismas. La mañana del 9 de agosto de 2007, cuando se disponía a hacer su trabajo, sufrió un trágico accidente falleciendo en el acto y culminando así una vida de amor a Dios a través de los hermanos mas necesitados. Fue sepultada en el panteón de Ayene, Guinea Ecuatorial África en una fosa donada por el Municipio.

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